OTRO TRASPIÉ DEL PAIS CULTURAL
"Primero están los amigos..."
El suplemento culturoso que aparece los viernes con el diario El País, se ha dedicado siempre a atacar y menospreciar todo libro, que no haya sido escrito por la cofradía nacional de autores, amigos de la casa y que profesan la misma ideología política.
Estos señores se olvidan que el verdadero crítico es el público lector, que es quien en definitiva dictamina, con su compra, que autor prefiere.
Ningún lector es tonto ni tiene dinero para regalar. Si compra el libro de un escritor y este es malo, nunca más lo beneficiará con su apoyo.
La gente del País Cultural, piensa equivocadamente, que las ventas masivas de una obra literaria descalifican el trabajo del autor.
Insólito pero es así. Si alguien vendió más de mil libros, algo malo debe tener; pero si vende cinco ejemplares y es integrante de la patota culturosa, no escatiman elogios, así la obra sea un espanto.
Hoy los muchachos del Cultural, han sufrido nuevamente una estrepitosa derrota y permítaseme emplear un término futbolístico que tampoco debe agradarle a los chicos de la plaza de Cagancha; volvieron a perder y por goleada.
La entrega de los Libros de Oro por la Cámara Uruguaya del Libro, son distinciones a los autores que más ejemplares de sus obras han vendido, y esto no se puede digitar, pues la verificación se realiza contabilizando las ventas en todas las librerías, con cada boleta de compra a la vista.
El criticado hasta el hartazgo Dan Brown, se llevó el Libro de Oro al autor extranjero por las ventas del Código Da Vinci, en nuestro país.
Helen Velando, obtuvo el Libro de Oro por sus ventas en la categoría cuentos infantiles.
La escritora Mercedes Vigil, protagonizó el momento más impactante de la premiación, al ganar por quinta vez consecutiva, el Libro de Oro por su nueva novela: El mago de Toledo.
Vigil, en un hecho sin precedentes en la historia literaria del Uruguay, había ganado en los cuatro años anteriores, los Libros de Oro anuales por las ventas arrolladoras de sus novelas, y este 2005, volvió a ganar; algo imperdonable para los integrantes de la minoritaria patota culturosa.
La ira y la desazón han vuelto a apoderarse de los “críticos” Elvio Gandolfo, Andrea Blanqué, Maurente y algún otro escriba de ese suplemento caganchero, al darse cuenta que no pueden torcer el gusto de la gente y que el público lector, el verdadero crítico, les vuelve a dar la espalda y los ignora.

